André de La Victoria
En La Victoria sencilla,
tu casa fue pan y abrazo,
la Palabra fue el regazo
que abrigó con fe y semilla.
Un disparo hizo la orilla
de tu vida en pleno andar,
pero nadie va a borrar
la memoria de tu entrega,
pues tu sangre nos despliega
la justicia por nombrar.
Fuiste hermano en la pobreza,
extranjero con raíz,
un profeta en cicatriz
que dio voz a la tristeza.
En tu Biblia la certeza,
en tus manos la verdad,
y en la fe la dignidad
que al oprimido levanta;
tu martirio hoy nos canta
como faro de bondad.
No callaste ni un momento,
aunque hablar fuera peligro,
te volviste fiel amigo
del que sufre el desaliento.
“¡Nunca más el sufrimiento!”
clama tu vida serena,
y en la Patria aún resuena
tu presencia solidaria;
tu memoria necesaria
sigue ardiendo en la condena.
tu casa fue pan y abrazo,
la Palabra fue el regazo
que abrigó con fe y semilla.
Un disparo hizo la orilla
de tu vida en pleno andar,
pero nadie va a borrar
la memoria de tu entrega,
pues tu sangre nos despliega
la justicia por nombrar.
Fuiste hermano en la pobreza,
extranjero con raíz,
un profeta en cicatriz
que dio voz a la tristeza.
En tu Biblia la certeza,
en tus manos la verdad,
y en la fe la dignidad
que al oprimido levanta;
tu martirio hoy nos canta
como faro de bondad.
No callaste ni un momento,
aunque hablar fuera peligro,
te volviste fiel amigo
del que sufre el desaliento.
“¡Nunca más el sufrimiento!”
clama tu vida serena,
y en la Patria aún resuena
tu presencia solidaria;
tu memoria necesaria
sigue ardiendo en la condena.